Del 16 de enero al 10 de febrero de 2019

Es un universo propio. Un espacio en el que invito a entrar con un autorretrato. Desde este punto se inicia un viaje a la crítica y estética. A veces todo empieza con un error: una velocidad de obturación equivocada, una trepidación inoportuna…

Toda imagen tiene alma, el alma de quien la realiza, un pedazo de nosotros queda impregnado en ese documento, toda imagen tiene una historia, banal o no. Este es el origen de 1/10″ (Una Décima de segundo), el homenaje al error y a la búsqueda del alma en el mismo. Homenaje a todos los que un día empezamos en esta estupenda locura de la fotografía, homenaje a los que erramos en numerosas ocasiones en el maravilloso momento del aprendizaje.

Técnicamente en 1/10″ (Una Décima de segundo) se busca una desaparición figurativa partiendo de una fotografía, esa desaparición que tan bien plasmó el Expresionismo Abstracto. El proyecto expositivo consta de conjuntos de tres espacios, en los que cada uno se inicia con una fotografía errada, denominada NEGATIVO; una excusa natural o buscada para encontrar una historia. Para ello enlaza con otra imagen, estética y abstracta, denominada POSITIVO, la cual evoca un artista contemporáneo. Cada espectador puede encontrar o no esa alusión a cada autor. Negativo y positivo se enlaza con un texto, que ayuda o no, a conectar el trayecto visual entre fotografías. En el fondo se busca encontrar la belleza del Error, el alma del autor.

En una época de elevación de lo técnico, de la excelencia fotográfica; ¿Por qué 1/10″ (Una décima de Segundo)? Además de un tiempo de obturación un tanto inusual, es el tiempo en que una persona puede digerir una imagen en una red social. Porque al fin y al cabo es una protesta, una llamada a la reflexión tanto formal fotográfica, como personal, ante lo que estamos haciendo con nuestra cultura visual y artística.

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LIENZOS EN 1/10 por Miguel Carcasona

Una décima de segundo basta para que una bala te quite la vida o para que una mirada, al cruzarse con la tuya, te resucite. En ambos casos aludimos al azar. Y el azar existe, sin duda, pero a menudo le achacamos el destino donde la intuición nos lleva. La intuición precede a la conciencia como el reflejo a la orden del cerebro. Antes de apretar el disparador, en la décima previa a la del acto fotográfico, la intuición le avisa a José de que allí hay una imagen. No una cualquiera. Quizás de modo inconsciente, su retina percibe en la escena la imagen pictórica que duerme en su cerebro. La presiente dentro del paisaje igual que Miguel Ángel veía la escultura dentro del bloque de mármol. Con ayuda de la cámara, la secuestra, y con la técnica, la trabaja, despojándola de adherencias inútiles, hasta que el cuadro, o su evocación, surge.

En cualquier orden creativo desconfío del cartesiano que planea su obra hasta el último rincón y luego la desmenuza con la racionalidad de quien desmonta un mecano. Confío en quien mantiene el plano general en su cabeza, pero luego arriesga en los detalles. A diferencia del primero, transeúnte por caminos hollados bajo la luz, el segundo se adentra en zonas de penumbra, las explora y coloniza, amplía territorios. En el trabajo de José, la velocidad de exposición de la cámara es también la de su exposición, la décima de segundo en la que el espectador se convierte en protagonista. La totalidad del panorama da paso a la realidad de la parte elegida. El fotógrafo – el demiurgo – decide lo que eterniza en una nueva realidad, la suya. Al convertirla en su obra, vierte en ella su propia esencia, aquello que ha formado su poso cultural y vital, su personalidad. En José se manifiesta una aguda sensibilidad hacia lo minúsculo y la abstracción, que lo vincula a una raigambre cuyo origen arranca en el arte esquemático de la Prehistoria. Alejándose de lo figurativo – aunque sin cortar del todo los amarres – transmuta la realidad en signos que, al unísono, enlazan con lo consciente y el subconsciente. La abstracción, en estas fotografías, desprende sensaciones oníricas y la sensibilidad se esparce en formas etéreas. Al mencionar a Emil Nolde o Wu Guanzhong, el autor da alguna pista sobre sus influencias o, más bien, sus metas, la comunión con determinados autores hacia los que convergen sus creaciones. Otros notorios son los expresionistas abstractos y Rothko, en particular, con sus rectángulos cromáticos. Como en el impulso creativo de ese pintor, en José se atisba un cierto halo místico, envolvente. La fragilidad de esas ramas desvaídas o los colores diluidos como una acuarela tienen algo de hipnótico. Sugieren, sin avasallar al observador, la entrada en un trance hacia el que nos conduce siendo también partícipe, con la humildad de aquellos obispos cátaros, los Perfectos, que vivían entre sus acólitos, lejos de fastos o alharacas. Los Perfectos imponían el Consolamentum con sus manos sobre el creyente, para limpiarlo de todo pecado. José, a través de las suyas, trabaja los negativos originales, aun los erróneos, para ofrecernos estas imágenes limpias y sugestivas.

Unas fotografías semejantes a cuadros en las que ambas disciplinas se reúnen de nuevo.

 

 

José Tomás Martín Gil, (José Martín) (Zaragoza, 1976) realiza estudios de Ingeniería en la Universidad de Zaragoza. Inicia su andadura fotográfica con los cursos de iniciación en la escuela de fotografía Spectrum Sotos de Zaragoza. Continúa realizando los siguientes cursos y talleres hasta la culminación con el curso Creativo, donde nace el germen de la presente exposición. En esta escuela recibe un par de accésit, en el curso Básico y Superior. Participando en varias exposiciones colectivas en la Galería, uno de estos trabajos es seleccionado para ser proyectado en la exposición de la Galería Spectrum-Sotos en PhotoEspaña de 2017.

En 2018, recibe un accésit en el primer concurso nacional de la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza, con la obra “Ruido”.

Pertenece al grupo Masquemedios, nacido de la escuela de fotografía Spectrum Sotos, con el que ha realizado varias exposiciones colectivas por Aragón.

Su objetivo es profundizar en distintos lenguajes de la fotografía, creando un espacio de relaciones con otros campos del arte.