10 de octubre a 1 de noviembre de 2006

Si algo define el temperamento artístico del pintor cubano es la intensidad y ese afán por construir formas, ideas, texturas, universos cambiantes donde él es el máximo hacedor. Como un dios creador que un día se levanta, coge el barro, la tierra, la arena y el agua para inventarse océanos de silencio. Sobrecogedores y misteriosos espacios cósmicos por donde navega su inquieta mirada de viajero perdido.

Esta exposición, producida íntegramente en Zaragoza, nos brinda, quizás sin saberlo, las vivencias, los andares, los caminos y los seres que le han acompañado en su variado y envidiable recorrido por el mundo.

Esas telas inmensas donde ha plasmado la profundidad del mar con su luz vertical, como una herida de esperanza, atravesándolo. Sinfonías líquidas en toda su gama de colores azules y verdes, sedantes y musicales. Esos otros, inquietantes, oscuros, donde el artista busca las respuestas que nadie le va a dar. Aquellos casi desnudos de materia, sutiles en su inapreciable movimiento, como algas marinas balanceándose mudas en su retina.

Rafael Torres sostiene que las gentes que viven en una isla siempre están a la espera de lo que viene y también de lo que se va. En esta exposición nos ofrece esa constante inquietud de esperanza y despedida que encierra su obra.

Margarita Barbáchano

Rafael Torres nace en Cuba y se forma en la Escuela Nacional de Arte. Continúa su formación artística en Francia. Es en México donde intensifica su producción y se integra en el taller de arte contemporáneo “La Polilla” en Guadalajara , junto a grandes maestros como José Luís Malo y Rafael Sáenz o Eduardo Mejorada. En 2003 completa su formación con la maestra salvadoreña Addis Soriano. En el año 2004 se traslada a España, actualmente reside en Zaragoza. Torres ha realizado veinte exposiciones individuales y colectivas en países como Cuba, Francia, México, EEUU y España.