del 7 de Octubre al 22 de Noviembre de 2015

Pensar los límites
Todo pierde su identidad en la frontera. Así lo considera Eugenio Trías, inmerso desde hace muchos años ya en la construcción de una propuesta filosófica cuyo objetivo es comprender eso que somos a través de la idea de límite: «Somos límite del mundo«. De ahí que «en razón de nuestras emociones, pasiones y usos lingüísticos, dotamos de sentido y significación al mundo de vida en que habitamos. Abandonamos la simple naturaleza e ingresamos en el universo del sentido (lo que técnicamente, podemos llamar mundo)». Estima con acierto Trías que ese carácter fronterizo del hombre es el que anima el impulso filosófico que nos permite reflexionar sobre nuestra condición cívica, enredada entre los efectos de una globalización negativa y los discursos localistas, con el fin de solventar las «obsoletas y eternas querellas entre el Individuo y lo Colectivo». Urgen nuevos modos de pensar para enfrentar la crisis de un sistema quebrado en el que el propio Estado, aprecia Neal Lawson, «pasa a ser un siervo de la economía global». Ocurre entonces, advierte Zygmunt Bauman, que por muchos guardias de seguridad de fronteras, dispositivos biométricos y perros detectores de explosivos, cuando las fronteras se han abierto al paso de libre movimiento de capitales, mercancías e información, es imposible sellarlas de nuevo y mantenerlas cerradas al paso de los seres humanos. Precisamente, obstaculizar la inmigración ilegal  fue uno de los objetivos del acuerdo de Schengen firmado en 1995 por la mayoría de los países de la Unión Europa, según el cual se suprimían los controles fronterizos dentro del espacio Schengen para crear una zona de libre circulación protegida por una gran frontera exterior. La unidad europea solo podía ser efectiva con una Europa sin controles fronterizos. Las fronteras terrestres, claro está, permanecen. John Brinkerhoff Jackson considera que la frontera es el elemento político básico en cualquier paisaje, fundamental en la definición de un territorio. La frontera protege y excluye.
La frontera es el nuevo escenario que Almalé y Bondía eligen para continuar su particular construcción visual de una dramaturgia del paisaje. Del bosque, lugar de localización de la serie fotográfica In situ, a la frontera, territorio donde se sitúa Infranqueable 01. Límites y fronteras, un proyecto cuyo desarrollo en el tiempo acogerá las reflexiones derivadas de las diferentes acciones en el espacio. El mecanismo que alienta este nuevo trabajo comparte con In situla percepción consciente de un escenario natural, previa a su descripción real e imaginaria; el espacio, entonces, se convierte en paisaje donde todo está por construir. El paisaje de la serie In situ es el de los bosques que se extienden en los límites de la frontera a ambos lados de los Pirineos. Tras cruzar la frontera que separa España y Francia, Almalé y Bondía decidieron atender al paisaje que la delimita y la señala físicamente con 602 mojones, de Oeste a Este, desde Hendaya e Irún hasta Cerbère y Portbou. Eligieron el Paso de Canfranc / Le Pas d’Aspe para situar su acción que, como en In situ, busca evidenciar la incertidumbre contemporánea mediante el encuentro dispar de imágenes en un territorio extraordinariamente frágil e inquietante. En la frontera, Almalé y Bondía vuelven a componer la barrera especular que acoge la visión fragmentaria y alterada del paisaje fuera-de-campo. Y en la frontera convocan a determinados artistas de cuyo trabajo se sienten especialmente próximos. Ahí están las puertas de Rachel Whiteread, las señales mudas de Josef Schulz o los inquietantes rostros que miran sin ver de las esculturas hiperrealistas de Ron Mueck, reflejados en los espejos de los artefactos que Almalé y Bondía clavan en la frontera o esparcen a ras de suelo. La incapacidad para saber con certeza el grado exacto de verosimilitud de unas y otras imágenes evidencia el conflicto que sobre la identidad individual, social y política dirige la reflexión visual de Almalé y Bondía en la frontera.

Javier Almalé,Zaragoza, 1969
Jesús Bondía,Zaragoza, 1952

Explorar los mecanismos de percepción que construyen el paisaje es el asunto central del proyecto común que en 2002 unió las trayectorias artísticas de Javier Almalé y Jesús Bondía. A través de la fotografía y del vídeo, ambos autores formulan una obra que conceptual y plásticamente se dirige a la tarea de “reinventar una dramaturgia del paisaje”, atendiendo el empeño de Paul Virilio, donde lo real se hace presente cuando aparece enredado en el imaginario. Han recibido diferentes premios, entre los que destacan XVIII Gran Premio Isabel de Portugal (2005), Primer premio Fundación AENA (2011). Su obra se ha expuesto en galerías y centros culturales de España (Madrid, Córdoba, Pamplona, Zaragoza…). Su obra forma parte de colecciones públicas y privadas como Diputación General de Aragón, Messner Mountain Museum, Bolzano (Italia), Museo de Casaria, Nápoles (Italia), Ayuntamiento de Alcobendas (Madrid), etc…