Del 8 de marzo al 15 de abril de 2012

Tras pasar de mano en mano desde que hace más de un milenio los vikingos se toparan con ella, Islandia parece aún hoy día, resistirse con uñas y dientes a ser ocupada. Hostil desde sus entrañas, las condiciones climatológicas más adversas hacen de ella una trampa implacable, donde para la mayor parte de nosotros la vida sería considerada imposible. El azote de fuertes vientos, la ausencia casi total de madera, una actividad volcánica incansable y la noche más larga jamás vista, deberían ser razón suficiente para huir en busca de territorios más prósperos.

Landnemar nos conduce a través de asentamientos primigenios, carreteras sin vida flanqueadas por gasolineras y tiendas fantasma, señales que parecen no tener a quien guiar, poblaciones minimalistas para paisajes minimalistas. Constituye una reflexión visual sobre uno de los peores errores de la civilización: el de doblegar la Naturaleza en favor del hombre, el pretender hacer de la Naturaleza, sociedad. Sus imágenes de lugares solitarios, cuya escala de lo humano -como cualidad y como Ser- es la que el medio le obliga, nos hace tomar consciencia de cómo es precisamente en ese instante en el que le damos la espalda a nuestra Tierra, cuando se produce el verdadero aislamiento; no el literal, sino el más trágico de todos, del que únicamente bajo utópicas circunstancias se consigue salir. Solo alguien en profunda armonía con su medio, cesará en sus ansias de dominar la Naturaleza y terminará por entender la rendición como única manera no de sobrevivir, sino de convivir.

A través de estas fotografías podemos pensar en lo que estos primeros pobladores creyeron descubrir atónitos al desembarcar en la isla. Puede que una inquietante maqueta en la que el creador olvidó colocar sus habitantes, por despreciar lo físico y querer servir sólo al espíritu. O un desierto lunar despoblado de su gravidez, con un vaporoso mar de la tranquilidad a modo de oasis. Quizá les provocó un profundo temor ante lo que parecía ser una instantánea futura con un desolador augurio. Pero la realidad fue la misma que mil años después el autor ha plasmado en esta serie: Una Tierra de Hielo: esencia del Calor y el Frío más elementales. Islandia, gélida por fuera, abrasadora por dentro. Envuelta en nieve y estepa, esconde en su interior parte de la savia que le diera origen. Magma que ruge violento haciendo tambalear las casas, como un toque de atención de ese su vecino más antiguo, que reclama protagonismo -…lo hermoso no es otra cosa que el comienzo de lo terrible en un grado que todavía podemos soportar y si lo admiramos tanto es sólo porque, indiferente, rehusa aniquilarnos- .

Las imágenes de Landnemar se adentran en llanuras infinitas, congeladas o áridas, sin nada bajo lo que resguardarse. Caminos escrutados por pocos, aparecidos tras el deshielo, sobre los que se intuyen las huellas ya fosilizadas de algún vehículo. Paisajes poblados de solitarias y tímidas casas. Todo un shock visual en forma de instantáneas, que para aquellos acostumbrados a las grandes urbes, supone la oportunidad de realizar un enigmático y único viaje.

Álvaro Sánchez-Montañés, nace en Madrid en el año 1973. Ingeniero aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid y autodidacta en su formación artística. Expone su obra tanto colectiva como individualmente desde el año 2007. Ha expuesto en galerías y centros culturales de España, Italia, Paris, Londres y Nueva York.

Ha recibido diferentes premios y becas como: Fundación Arena; International Photography Awards; Epson; Caja España y Unicaja. Su obra forma parte de colecciones públicas y privadas: Unicaja, AENA, Ministerio de Asuntos Exteriores, Caja España, Epson, ADIF y Gabino Diego.