30 de noviembre a 27 de diciembre de 2006

(En colaboración con el Ayuntamiento de Zaragoza y con Institut Français de Saragosse)

El descrédito de la biografía como ámbito que nos ayuda a comprender el sentido del trabajo artístico admite matices. Esa pequeña maravilla que es el libro de Natalia Ginzburg acerca de Antón Chéjov permitiría hacer alguno. Además, la sospecha mengua de manera sensible si nos referimos a la fotografía. Como observó Gilles Mora a propósito, justamente, de Bernard Plossu, la obra de un fotógrafo es la huella tangible de su experiencia. La fotografía –con excepción de aquella vinculada al pictorialismo o al arte conceptual- acompaña aquello que vivimos. No existe ningún gran trabajo fotográfico al margen de una vida plena, y por ello –concluye- el viaje es la dimensión mayor de la fotografía. “Plus on va loin, plus on trouve d’endroits où aller encore plus loin”, escribió Plossu, viajero incesante que ha confesado que fotografía la carretera por instinto, pasión y necesidad. En ese relato autobiográfico que Plossu ha ido componiendo con sus imágenes hay, sin duda, un espacio original: el desierto. Un lugar descubierto a los trece años que parece cobrar en él –nacido en Vietnam por azar- el rango de país natal y por tanto – en el sentido de Mircea Eliade- de geografía sagrada, de geografía en la que adquirimos conciencia de un mundo real y lleno de significado.

Salvador Albiñana

Bernard Plossu, nacido en 1945 en Vietnam del Sur, está considerado uno de los principales fotógrafos del mundo. Su reconocimiento le viene dado por distinciones tales como el Premio Nacional de Fotografía de Francia, pero sobre todo por las diversas publicaciones realizadas en los últimos veinte años y las diversas exposiciones en los más importantes centros de arte del mundo. Sus fotografías se encuentran en las principales colecciones y su aportación a la fotografía está reconocida en todas las más importantes historias de la fotografía. En España su trabajo ha influido a creadores de la última generación y su reconocimiento se puso de manifiesto a través de la gran retrospectvas que el IVAM de Valencia le tributó en 1998.