Del 14 de enero al 23 de febrero de 2014

Después de Nocturnos, dedicado al Cairo de Noche,  Delia Maza desarrolla en Fengje una concepción  aún mas personal del ensayo fotográfico. Esta vez nos conecta con la construcción del complejo hidroeléctrico de las Tres Gargantas, en China. Esta obra faraónica va a modificar definitivamente el curso de diferentes órdenes: ecología, economía, sociedad, filosofía tradicional. La inmersión de toda una vida bajo un embalse, ya motivó por su violencia y su carácter simbólico en el pasado a fotógrafos en situaciones similares. Tal fue el caso en Francia en 1971 de Jacques Windenberger en la construcción de la presa de Santa Cruz sobre el Verdon. Más recientemente en Brasil, en el Estado de Minas Gerais, Pedro David, Pedro Motta y Joao Castillo han documentado la vida en un valle antes de quedar sumergido. La problemática de Delia Maza es más bien otra. Ya no se trata de grabar en la memoria con la ayuda de la fotografía el paso del tiempo sobre un espacio, de registrar con el sentimiento de pérdida la vida antes de su desaparición. Se trata de producir una ópera más vasta en la perspectiva. Para llevarlo a cabo el material visible utilizado es un corpus de imágenes realizadas en China. La otra parte ha sido realizada acompañando en su gira al grupo de acróbatas San-Xia en España. Experiencia esencial ligada al sacrificio que ha sido su fuente de inspiración para este ensayo, escribirá la autora. La muerte de Ofelia como metáfora del ahogamiento de la ciudad de Fengje es la otra figura instigadora.
Retomando un artículo de Glauber Rocha a propósito de Antonioni, existen los autores que creen en la realidad y los que creen en la imagen. Se abandona el documental periférico o la connotación discursiva de la realidad. “A partir de ahí la alienación de Miguel Ángel enlaza dialécticamente con la alienación del espectador. Estas relaciones son las mismas que las de Miguel Ángel con ese mundo en el que la ciencia evoluciona más que la moral, un mundo que aliena en cada instante y que por la teoría o por la práctica, supera los estadios de la alienación y  funda otros». Hay que  admitir que abordar esta tarea es siempre una experiencia que precisa de una profunda reconsideración  del trabajo formal.
Delia Maza sacrifica la gramática de la fotografía de estilo documental. Ella hace fotos sin buscar que sean buenas», indica Bernard Plossu en su prólogo a Nocturnos. Observación pertinente para una nueva materia que tiene más que ver con la interrupción en la imagen-video que con la fotografía analógica. Estas capturas desdibujadas, como tantas visiones por el rabillo del ojo, convergen en este sentimiento de evanescencia. Evanescencia de la imagen ,evanescencia de la vida. Todo fluye. Heráclito frente al Yang Tsé.

Casas de piedra, casa de viento
Hay casas disueltas de las que sólo el recuerdo
De sus fantasmas permanece en pie
Hacen flotar nuestra mirada
El hombre al avanzar también va a disolverse
Pero nosotros tan solo estamos en el crepúsculo de la mañana.

La omnipresencia del ambiente de la noche y su restitución con esa dominante verde, típica de la primera generación de prismáticos de visión nocturna, convocan en mi inconsciente colectivo La chambre vert de François Truffaut, inspirada en parte por The Altar of the Dead de Henri James. Pero también ahí todo fluye. En esta frialdad de tono, hay un punto rojo, una brasa en la noche. Una flor de loto. Esta flor hunde sus raíces en el lodo, se despliega sobre el agua y, como Buda, se eleva en el aire.
Qué bello es el pensamiento cuando se encuentran imágenes.
Ahora estoy convencido: las imágenes poéticas son las realidades primeras. Con vigor y convicción Delia Maza nos arrastra a su cosmogonía. Nos aparta de los lugares comunes de los artesanos, productos de la ideología dominante del mercado del Arte. Me refiero a la escuela alemana, a su frontalidad y a su pseudo objetividad. Pero esa es otra historia. En esta esfera, también, todo fluye.

Pierre Devin
Taulignan, Mayo 2012