Del 4 de mayo al 4 de junio de 2006

¿Cuántas máscaras coexisten junto a nuestro verdadero yo?

Desde un punto de vista psíquico la identidad estaría formada por distintas máscaras con las que cada uno de nosotros –conscientes o no– nos mostramos ante los demás. Como un actor en escena.

Internet y sus formas de comunicación, en la actualidad, facilitan disfrazar la identidad verdadera y favorecen la implantación de máscaras que podrían liberar involuntariamente parte de la personalidad oculta del individuo, obteniendo el efecto contrario al deseado.

En la lucha libre mejicana la máscara es el centro del espectáculo. Con el mismo afán de los griegos para convertirse en dioses y semidioses, o de los teotihuacanos para poder conseguir atributos divinos asumiendo las características relevantes de su personalidad, la máscara en la lucha libre permite al luchador realizar los gestos que pueden convencer al público. ¿No es la vida entonces sino una metáfora de una lucha en la que se llevan máscaras invisibles? Máscaras que pueden variar en forma y contenido dependiendo del luchador que las porte, aun en idéntica situación. Máscaras que buscan adoptar un determinado rol social que logre saciar aparentemente las expectativas expuestas, aunque la verdadera identidad de cada cual se vea maltrecha. ¿Puede un luchador con su rostro al descubierto soportar el sangrante desafío de un espejo minutos antes de pisar la lona? Enmascarado no pretende descubrir acertijos sino plantear incógnitas, dibujar interrogantes que lancen al observador una cuestión vital. ¿Quiénes somos?