Del 13 de mayo al 21 de junio de 2015

UNA IMAGEN ES UNA IMAGEN

Las formas que imagina la naturaleza ¿deben considerarse obras de arte? Los gabinetes de curiosidades reunían en una misma vitrina esculturas, monedas, conchas y ramas de coral. Rocas de configuraciones peregrinas fascinaron a los surrealistas. No se trataría siempre de caprichos del azar, sino de voluntad de significado inhumana. Las flores, de un modo muy particular, son artefactos para el deseo, aparentes obras de arte de la naturaleza cuya función es distinguirse de entre el resto de los seres. Ello las convierte también en una tentación para el recolector de símbolos, tentación que se convertiría en un sistema de codificación alegórica, desde la Edad Media a la Era Victoriana. El gesto del burgués decimonónico al encerrar la flor en una urna, o al aplastarla tras un cristal, conjura y diseca un mensaje que miniaturiza lo terrible de la Naturaleza.

La fotografía inaugura otro modo de conservar las flores. Como el dedo de Midas, pero transformándolas en plata en lugar de en oro, la fotografía servirá para fijarlas sobre el papel. Caso paradigmático es el de los herbarios de Blossfeldt, pero también será éste un tema obsesivo para Mapplethorpe. Lo peculiar del trabajo de Marta Sánchez es que sus flores, antes de fotografiarlas, se hayan metamorfoseado en flores de plata. De algún modo se fotografía aquí el propio hecho de fotografiar. Las primeras flores de Marta Sánchez eran flores artificiales, fabricadas pacientemente con metal. Imposible, por tanto, que se marchitasen, siendo como eran un simulacro. El hecho de fotografiarlas se convierte en una ceremonia barroca, la imagen es la imagen de otra imagen, en parte, una metáfora del propio medio y una propuesta de discusión sobre la realidad de la ficción. Una pregunta relevante, en los albores de la Crítica de Arte, fue que si cualquier objeto de la naturaleza era digno de ser reproducido, y si eso era, sin más, materia estética. Dice Diderot que la naturaleza nunca es negligente. El trasporte de la flor natural a la flor de plata es su conversión en fetiche; la imagen de esa flor es su doble o su fantasma. La reproducción es un sinónimo de la atención. De algún modo, confiere el ser a las cosas pasajeras. Las reproducciones redundantes y ceremoniales de la flor o de la hoja trasladadas al metal, y de allí al papel, hacen pensar también en el arte como un equivalente (paródico) del proceso de transformación de los bienes, de los sucesivos valores añadidos que se suman al objeto original. La plata aporta aquí su condición de moneda de cambio, perdurable, pero también cambiante, material y simbólica.

Alejandro Ratia

MARTA SÁNCHEZ MARCO (Zaragoza, 1982).Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca (2005) y diplomada por el Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya en Barcelona (2012). Complementa su formación fotográfica en talleres impartidos por Ricardo Cases, Horacio Fernández, Tanit Plana, Román Yñán y Juan Valbuena. También es diseñadora gráfica especializada en diseño editorial y tipografía, titulada en EINA (2007). En 2007 y 2008 recibe la ayuda del Gobierno de Aragón destinada a la Formación y el Perfeccionamiento de Jóvenes Artistas. A lo largo de su trayectoria ha presentado su obra en diversas exposiciones, como en la muestra Art<30 en la Sala Parés y en la Galería Trama en Barcelona (2013), con su proyecto titulado «Silver Flowers». La obra de Marta Sánchez representa la actualización del género de la naturaleza muerta, explorando la ambigüedad engañosa del mundo de la imagen y provocando la reflexión sobre los límites confusos entre realidad y artificio.