del 30 de Septiembre al 1 de Noviembre de 2020

Todo lo que yo pueda decir sobre Shakespeare ya ha sido escrito. De él me atrapa la humanidad que emana de sus personajes, que nos colocan delante un espejo que pone de manifiesto lo poco que hemos evolucionado en 400 años. Podemos sentir, ahogándonos ante una pérdida, el mismo dolor que hizo ahogarse a Ofelia. La misma confusión de Lisandro, Elena, Demetrio y Hermia hechizados, la hemos vivido cuando nos enamoramos. Hoy en día los Caudor habitan despachos, Marco Antonio o Bruto elevan sus discursos manipuladores desde las redes sociales y los telediarios, puede que Lear viva en un asilo y tengamos amigos como Próspero y Miranda, exiliados. Las comadres tienen una relectura fresca en la era del #MeToo y, tristemente, desde 2003 han muerto en España más de 1000 Desdémonas a manos de sus parejas.

Pero, aparte de la obvia actualidad de sus temas, hay algo más en Shakespeare que me resulta fascinante: por un lado, se han identificado cientos de fuentes textuales en sus obras, tomó ideas tanto de los clásicos como de sus contemporáneos, algo que no puede parecerme más actual en la era de la apropiación, la intertextualidad, la hipernarración, y el metarrelato; por otro, su capacidad de síntesis y la forma en que se distancia de los personajes sin tomar un partido moralizante sobre la escena, que deja una amplia libertad de interpretación al espectador.

Estos son los ingredientes con los que trato de construir mis imágenes. Mi intención no es ser original, ni presentar simplemente una escena teatral. Tampoco pretendo moralizar, sino dotar de la retórica shakesperiana a la narrativa de la imagen, mediante una amalgama de referencias y capas de múltiple lectura que se entretejen, dejando mil cabos sueltos y posibilidades a la imaginación.

Los fragmentos que incorporo al collage son imágenes de mi archivo personal, por lo que la obra tiene también un componente autobiográfico.

Nota: El termino bardolatría (bardolatry en inglés) fue acuñado por George Bernard Shaw en 1901 y se define como idolatría o excesiva admiración por William Shakespeare.

Soledad de Val

Soledad de Val (Alagón, 1969) indaga en la memoria para escribir con imágenes una autobiografía. Le interesa también crear imágenes que cuestionen la realidad y establecer un diálogo con la subjetividad del espectador.  Sus fuentes parten de la fotografía, también de la pintura, el cine, la música o la literatura clásicas, pero busca en los clásicos actualidad, y cree haber encontrado en la fotografía un medio dúctil e idóneo para plasmar su visión sobre ello. Entre 1993 y 2020 realiza diversos estudios de oboe barroco. A partir del 2012 realiza varios cursos y talleres de fotografía entre otros los cursos Medio, Superior, Creativo, Taller de Retrato de Pedro Avellaned, Collage de Alejandra Franch en la escuela de fotografía Spectrum Sotos. Desde 2012 muestra regularmente su obra en exposiciones individuales y colectivas.